“Negar egitea ona da haurrentzat, birikak garatu arazten dizkie”, “negar pixkat egitearren ez zaio ezer gertatuko” eta horrelako ehundaka esaldi entzun behar izan ditugu sarritan haurra besotan “gehiegi” hartu dugunok. Berezko jarrera bati aurre, kontra egitea eskatzen zaigu: haur bat negarrez baldin badago, gure instintuak haur hori kontsolatzera bultzatzen gaitu. Hala ere, egungo gizarte honetan, “tirano txiki horiei” kasu gehiegi egitea ez dago ondo ikusita. Hona hemen beso-zaleoi arrazoia ematen digun adierazpena
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Frases como “Llorar es bueno, les expande los pulmones”, “no le pasa nada porque llore un rato” las hemos oído cientos de veces, sobre todo los padres y madres que tendemos a coger en brazos a nuestros hij@s “demasiado” a menudo. Se nos pide que vayamos en contra de un instinto natural: el de consolar al que sufre, sobre todo si es nuestro hij@. Parece ser que en esta sociedad no está bien visto atender con premura a “esos pequeños tiranos”. Aquí tenéis una declaración que nos da la excusa perfecta a los que no podemos escuchar llorar a un niñ@
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Declaración sobre el llanto de los bebés
Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:
Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.
El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.
El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra “El Concepto del Continuum”, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.
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